Detenemos un momento nuestro recorrido por el mundo de Imôto para dirigir la mirada al bosque, a sus oscuros recodos y frondosa arboleda, donde se esconden todo tipo de criaturas extrañas y seres de cuento.
Este es otro de esos dibujos cuyo destino era quedarse atrapado por siempre (y para siempre) bajo las tristes solapas de la carpeta. Ahora que lo miro no sé muy bien por qué no pensaba colgarlo, en su momento tendría razones de peso pero ahora mismo no las recuerdo... Viendo la buena acogida que han tenido los otros bocetos y ya que no tengo mucho tiempo para coger el lápiz y hacer cosas nuevas, por aquí os dejo a estas bellísimas damas.
Normalmente tiendo a hacer mujeres muy musculadas, es lo que más me divierte y me gusta ver, pero tampoco quiero encasillarme y hacer siempre el mismo físico. Así que el propósito de este estudio era realizar cuerpos diferentes, unos más rotundos que otros, y ya que había huecos libres aproveché para meter algún que otro bicho.
Namida (lágrima). Asustadizo, llorón, y poco amante de las emociones fuertes, el pequeño Namida logró superar el ritual impuesto por la aldea hace apenas un mes y aun le cuesta habituarse a las atenciones del gigantesco Kumaki (oso de madera) A Namida siempre le gustaron las ardillas, y en ellas pensaba cuando comenzó a tallar la máscara que más tarde se convertiría en su Espejo, pero al parecer calculó mal el tamaño… O tal vez la Diosa averiguó que hay mucha más grandeza en él de lo que todos piensan. Senzô (guerra). Hermano mayor de Namida, se parece tanto a este como una gota de agua a otra de aceite. Senzô es decidido, independiente y arrogante, en ocasiones tanto que puede resultar insoportable, pero en el fondo está hecho de buena madera (como suele repetir su madre) Su compañero y Espejo es Washiki (águila de madera)
Otro apunte de movimiento hecho entre escapada y escapada del libro. Este tipo de dibujos son fáciles de hacer y es una buena forma de mantener el blog activo sin necesidad de romperme mucho la cabeza, al menos por el momento. Así que en los días sucesivos os iré presentando a la gente de Imôto y hablando un poco de su mundo.
“Es tradición en nuestro pueblo que, al sobrevivir un niño sus primeros seis inviernos, una vez llegada la séptima primavera, deberá encaminarse solo más allá de los límites de la aldea, atravesar el bosque, y continuar monte a través hasta llegar al Árbol Sagrado que se yergue en lo alto de la más alta colina.
Allí cortará un trozo de madera que grabará hasta formar una máscara, una forma primitiva que contendrá sus sentimientos como una jaula apresa al pajarillo tras sus barrotes. Un puente de paz hacia nuestro interior que nosotros llamamos “Espejo”.
Tras ofrecer el rostro tallado a la Diosa ella nos concederá su don, y la máscara de madera cobrará vida para caminar al lado de su hacedor, siéndole amante y leal, hasta el día de su muerte.
Es de vital importancia mantener el alma pura y la mente clara mientras se talla, pues en él se reflejará lo que somos interiormente y, si no se tiene cautela, el Espejo podría resultar tímido, perezoso, cobarde, irascible, o peor aun… malvado.”
Cuando Imôto llegó a los pies del Árbol sagrado, no sin cierto esfuerzo cortó un buen pedazo del tronco y se sentó al cobijo de su inmensa sombra, donde meditó durante horas. Llevaba esperando aquel momento largo tiempo, y ahora que finalmente había llegado no era cuestión de precipitarse. Cerró con fuerza los ojos, respiró profundamente, y buscó en su interior.
Acudió a su memoria un curioso encuentro vivido cuando ella contaba tan solo tres inviernos. En mitad del prado se encontraba una criatura enjuta y saltarina de pelaje rojizo como el fuego, grandes orejas y patas veloces, así como dos perfectos ojos almendrados que flanqueaban una diminuta y húmeda nariz. El pequeño paseante buscaba ratones escondidos entre la maleza, ladeando la cabeza para captar mejor el sonido de sus presas. Una rama se quebró bajo el pie de Imôto y la mirada de ambos se encontró. El animal tenía pintada una graciosa mueca en sus negros labios.
A ella le pareció que sonreía.
Inmediatamente sus manos comenzaron a tallar con presteza lo que, días más tarde, se convertiría en Kitsuneki, el mejor y más astuto compañero que pudiera desear.
Kitsuneki vendría a significar “zorro de madera” (Kitsune/zorro y Ki/madera o árbol).Tras el nacimiento de su Espejo, pasarán cuatro largos inviernos hasta que la aventura de Imôto dé comienzo.
Este apunte de movimiento lleva un par de días abandonado en mi carpeta, junto a otros dibujos que muy posiblemente jamás lleguen a ser desvelados (seguro que tengo por aquí la huella impresa del yeti y un retrato-robot de Jack “el destripador” :-P) Entre vosotros y yo; no pensaba colgarlo. Por alguna razón no acaba de parecerme interesante o lo bastante bueno, pero me da lástima tener el blog tan quieto pudiendo poner alguna cosilla, aunque solo sea para rellenar.
Cuando el dibujo ya está completamente acabado es cuando realmente decido si me enamora o no me gusta un pelo, nunca antes, lo que en la practica viene a suponer una manía agotadora. Supongo que es algo personal entre el hacedor y su obra.
Aquí es cuando dan ganas de cogerme del cuello y acogotarme como a un conejo -_-…
Sí, no penséis que se me había olvidado. Estamos a 31 de Octubre y como lo prometido es deuda, hoy se ha mini-orquestado el sorteo de una de mis ilustraciones a escoger entre las cuatro con las que se inauguró “Belona Illustration”. Antes de anunciar a nuestro flamante ganador me gustaría dar las gracias a todos los que me prestasteis un pedazo de vuestro tiempo y algunas (o muchas) palabras, y también a quienes se pasearon y aun se pasean tranquilamente pero no les apetece decir nada, que caray :-) Todos me habéis ayudado a seguir adelante con el blog, convirtiendo una tarea que en principio (y después de tanto chinche y bochinche) se me antojaba titánica, en algo muy llevadero y gratificante. Tengo en mente un montón de entradas con sus historias y mil proyectos que mostraros, pero ahora mismo vuelvo a estar a las ordenes de la editorial Nosolorol, de modo que todo eso va a quedar pendiente por el momento. Lamento tener el blog tan abandonado y prometo volver a la carga enseguida con trabajos aun mejores.
Y ahora que ya está todo dicho, un redoble de tambores, porfavor. El ganador es... nuestro amigo y vecino, Pater! Enhorabuena :-D!! Os dejo con las fotos del "evento", que aunque pequeñito ha sido muy emocionante y me ha servido la mar de bien para desconectar un poco. De izquierda a derecha; 1 Los nombres de los participantes, 2 Participantes a la pecera, 3 La manaza inocente (Eduardo y sus 7 segundos de gloria ^^) 4 The winner!! En breve nos pondremos en contacto con usted, caballero.
Recuerdo como si fuera ayer la noche en que mi abuela me habló de Ella.
Mi niñez transcurrió entre los fresnos, robles, arces rojos y amarillos abedules que rodeaban la pequeña cabaña en la que ambas vivíamos, y los abetos que, como adustos centinelas, se erguían uno tras otro salvaguardando la entrada del bosque.
Yo adoraba aquel lugar que era mi interminable patio de juegos, pero en las noches de Luna Nueva, cuando la oscuridad llegaba y todo se sumía en sombras, aquel lugar que conocía como la palma de mi mano se volvía extraño e inquietante. Lo cierto es que las muchas voces de las criaturas nocturnas y la densa penumbra bajo las copas de los árboles me aterraba.
Yo me revolvía hora tras hora entre las mantas como una mariposa incapaz de abandonar su crisálida.
Creo que era medianoche cuando mi abuela atravesó con parsimonia el umbral de la puerta. Me dirigió una mirada entre divertida y paciente llena de significado, y la excitación devoró al instante mi miedo ante la expectativa de una de sus historias.
La luz del candil sobre la mesita de noche la iluminó cuando se sentó al filo de mi cama, y pensé que ella misma parecía sacada de algún antiguo cuento de hadas. Tenía el cabello muy largo, tan blanco como la nieve, y llevaba tallada una perenne sonrisa en su apergaminado rostro de corteza de árbol. Me acarició la frente y, tras un breve instante de reflexión, comenzó su relato;
“Existe una bellísima y silenciosa criatura que vaga por este mismo bosque… Su nombre es Mab, y es la Reina de todo cuanto se encuentra más allá de los abetos, ya sea grande o pequeño, importante, o insignificante. Los Espíritus de la Tierra le encomendaron la dura tarea de salvaguardar su creación, conservando siempre su pureza. Así, si un humano tala un árbol, Mab hace crecer otro en su lugar, o si un animal muere, hace aparecer un cachorrillo más en el vientre de una hembra de esa misma especie, o un huevo en su nido, o un renacuajo en la charca. De este modo la naturaleza conserva su equilibrio y permanece inalterable.
Pero las cosas que a tí y a mí nos fascinarían, como el sol del atardecer entre las ramas de un arce o la visión de un ciervo bebiendo de un arroyo, a ella le resultan sumamente aburridas, porque son normales y predecibles.
Por eso, cuando la Luna Nueva oscurece el bosque y los Espíritus no pueden verla, la Reina se divierte amasando el barro y creando extrañas y esperpénticas criaturas, con muchas orejas o una sola pata; con partes completamente innecesarias. Y también flores muy raras que no huelen y crecen de arriba hacia abajo. Juntos pasan toda la noche bailando, cantando tontas canciones sin sentido y haciendo cosas tan absurdas que si las vieras no podrías parar de reír. También comen frutas amargas y un vino tan dulce que empalaga, y viven más en una sola noche que nosotros en una vida entera.
Con la llegada del día las criaturas, exhaustas, se quedan dormidas sobre las rocas, el suelo, o los árboles, y el sol del amanecer las seca dejando allí donde yacieron sus raras siluetas…
Recuerda siempre, niña mía, que no debes asustarte en las noches sin luna si es que escuchas la voz de los animales cantando muy fuerte y los árboles se balancean agitando felices sus ramas.
Solo es la risa del bosque.”
Aquella feliz época quedó atrás hace mucho tiempo. Ahora ya no veo ni el rojo de los arces ni el amarillo de los abedules al otro lado de la ventana. Solo hay edificios por todas partes.
Cuando las prímulas que intento hacer crecer en el alfeizar se mueren sin remedio una vez tras otra pienso en Mab. La imagino cuidando todavía de aquel adorado bosque de mi infancia, con su níveo y pequeño dedo hundiendo cada semilla en la blanda tierra, paciente y dedicada, y, de tanto en tanto, al igual que yo, alzando el rostro hacia el cielo y anhelando las noches sin luna.
Deseando reír una vez más.
Al contrario de lo que pueda parecer, esta no es una historia triste (ya sabéis que no soporto los sentimientos de tristeza) Va más encaminada hacia atesorar los buenos momentos que pueda darte esta vida, que son pocos y no duran todo lo que deberían.
A veces hasta en la más absoluta negrura del pozo en el que nos encontramos puede haber un recuerdo, una frase memorable, una persona en particular… muchos motivos para partirnos de risa, por absurdo que parezca.
Para los niños, el desván del Tío Lawrence constituía un lugar mágico, en el que cada rincón podía proporcionar incontables horas de juego. Aquella soleada tarde de principios de otoño Kyle y Hanna revoloteaban por entre los miles de trastos viejos como abejas atareadas.
Kyle, espada de madera en mano, proporcionaba una buena paliza a un ajado
espantapájaros coreado por los furiosos ladridos de Tantán, el cual al parecer todavía no se había percatado de que aquel enemigo no estaba dispuesto a defenderse por mucho que le zurraran. Por su parte, Hanna se probaba los inexplicamente enormes sombreros guardados en un arcón. El que lucía ahora sobre la cabeza (por supuesto sujetando la colosal ala con ambas manos) tenía por adorno un elegante cisne hecho de terciopelo y una pluma rosada que casi le doblaba el tamaño. Semejante peso hizo que Hanna perdiera el equilibrio y fuera a caer justo sobre su trasero con un sobrecogedor “!Bomp!”.
Antes de que pudiera dejar correr una sola lágrima la puerta del desván se abrió con otro golpe similar, y el Tío Lawrence hizo una de sus encantadoras y harto ensayadas entradas teatrales.
En lugar del gastado vaquero remangado a la altura de los tobillos y el pulóver color mostaza de siempre, Lawrence iba ataviado con unas ropas realmente extrañas, una larga capa escarlata que se arrastraba a su espalda y un sombrero picudo del mismo color que hizo las delicias de Hanna. Ésta chilló de puro gozo y se levantó como si nada para ponerse a dar vueltas a su alrededor riendo y dando brincos.
-¡Nos vamos de viaje, nos vamos de viaje!- repetía una y otra vez.
-Así es, niños- convino el Tío cazándola al vuelo y alzándola en brazos- es hora de ponerse en marcha ¡todos los viajeros que me sigan con presteza!
Se aventuró como una exhalación escaleras abajo con Hanna sobre sus hombros, seguido de Kyle, Tantán, y Gulliver, el trasgo casero, que odiaba las prisas y resollaba entre rezongo y rezongo.
Cuando llegaron al huerto situado tras la casa, Lawrence frenó en seco y todos se arremolinaron a su espalda como un sándwich de tres tapas (y un perrito). Gulliver musitó un reniego ininteligible con la cara aplastada contra el hombro de Kyle.
-Y ahora tapaos los oídos- advirtió el Tío con un guiño, pero silbó antes de que cualquiera de ellos pudiera obedecerle.
Del cielo llegó en respuesta un maullido tan potente que los cristales del ventanal de la cocina se estremecieron amenazando con romperse, y Lullaby se recortó entre las nubes como un caramelo emplumado color verde y turquesa. Cuando aterrizó sobre las calabazas y berros del huerto, su tamaño distaba mucho del de un caramelo, pero seguía teniendo un color precioso. Hanna se lanzó a su cuello para abrazarlo desapareciendo casi entre el plumaje, Tantán rodeó sus patas ladrando a pleno pulmón, y Gulliver le espetó un montón de palabras desagradables (cosas como “gallina estúpida” y “montón de plumas sin cerebro”) por haber aplastado su cosecha una vez más.
Justo cuando iba a encaramarse sobre su lomo, Kyle se golpeó la frente con la palma de la mano.
-¡Aguarda un momento Tío Lawrence, he olvidado lo más importante!- exclamó, y se adentro en la casa subiendo los escalones de dos en dos. Al cabo de un momento volvió a bajar portando con gran dificultad un enorme tomo de cubierta morada y aspecto avejentado. En su lomo podía leerse escrito con enrevesadas letras doradas; “El libro de los hechizos sencillos para jóvenes magos avezados”...
Pequeño tributo a la incombustible y siempre bien recurrida historia de Alicia en el país de las Maravillas. El rostro de la niña es bonito, pero he procurado que el resto de los personajes tengan una apariencia extraña, incluyendo a esa muñeca Blythe como Conejo Blanco… me encantan, pero que raras son las condenadas. Las criaturas feas o de rostro antipático o macabro me resultan extremadamente encantadoras, por ejemplo las hadas y goblins de Brian Froud. En esta Línea me gustaría dibujar un montón de bichos feos y marionetas parlantes.
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